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2.2 La degradación del suelo
2.2.1 Tipos de degradaciones
2.2.2 Consecuencias de la
degradación
Según la FAO - UNESCO la degradación es el proceso que rebaja la capacidad
actual y potencial del suelo para producir, cuantitativa y cualitativamente,
bienes y servicios.
Puede considerarse como degradación del suelo a toda modificación que conduzca
al deterioro del suelo (EEA,
2002).
La degradación del suelo es la consecuencia directa de la utilización por el
hombre. Bien como resultado de actuaciones directas como agrícola, forestal,
ganadera, agroquímicos y riego, o por acciones indirectas, como son las
actividades industriales, eliminación de residuos, transporte, etc (Dorronsoro C. F.; 2004).
Actualmente existe una fuerte tendencia que clama por una utilización racional
del suelo. Sus principios se agrupan en lo que se conoce por Conservación de
Suelos. Las teorías conservacionistas persiguen obtener máximos rendimientos
pero con mínima degradación.
El cuidado del suelo es esencial para la supervivencia de la raza humana. El
suelo produce la mayor parte de los alimentos necesarios, fibras y madera. Y sin
embargo, en muchas partes del mundo, el suelo ha quedado tan dañado por un
manejo abusivo y erróneo que nunca más podrá producir bienes.
El suelo es un medio tridimensional que cumple una extensa variedad de funciones
ecológicas y socioeconómicas. Es un medio complejo formado por una matriz
porosa, en la que el aire, el agua y la biota actúan conjuntamente con los
flujos de sustancias y líquidos que existen entre estos elementos. Las
alteraciones de los procesos edáficos producen cambios en el funcionamiento de
los ecosistemas, y muchos problemas medioambientales que cobran visibilidad en
otros medios se originan en realidad en el suelo.
La función del suelo es una cuestión transversal, y así debe reconocerse, ya que
son muchos los sectores económicos que lo utilizan y participan en su deterioro
a distintos niveles. La reducción de la funcionalidad consiguiente del suelo
tiene un efecto en el conjunto del medio ambiente.
El suelo es un medio multifuncional. No sólo constituye la base del 90%
de los alimentos humanos, forraje, fibra y combustible, sino que ofrece también
servicios que van más allá de las funciones productivas. El suelo constituye la
dimensión espacial del desarrollo de los asentamientos humanos: la construcción
de viviendas e infraestructuras, instalaciones recreativas y enclaves para la
eliminación de residuos. Proporciona materias primas, incluidos el agua, los
minerales y los materiales de construcción. El suelo es una parte esencial del
paisaje. Cada suelo desempeña una serie diferente de funciones y presenta un
grado distinto de vulnerabilidad a las diversas presiones. En cualquier caso, el
suelo es un recurso limitado, y aunque se pueden recuperar algunas de sus
funciones, no es un medio renovable en el lapso de tiempo necesario para su
regeneración.
La capacidad de amortiguamiento del suelo, su resiliencia y su capacidad de
filtrar y absorber sustancias contaminantes hacen que los daños no se perciban
hasta una fase muy avanzada. Es probable que esta sea la razón principal de que
no se haya fomentado la protección del suelo en la misma medida que la
protección del aire y el agua. Es también un motivo importante para que se
realice un buen seguimiento de este medio. En la actualidad, después de muchos
años de malos usos, se ven con más claridad los signos e impactos, y se
requieren medidas de respuesta, tanto correctoras (son medidas costosas y en
ocasiones no resultan plenamente viables) como preventivas, para no legar el
problema a las generaciones futuras (EEA; 2002).
Hay una relación clara entre cambio climático, desarrollo sostenible, calidad
ambiental y degradación edáfica. El cambio climático afecta al suelo y
puede generar una mayor degradación. Al mismo tiempo, este medio desempeña una
función importante en el secuestro del carbono atmosférico mediante el proceso
dinámico que altera el contenido de materia orgánica presente en el suelo. Por
culpa de la degradación, se pierde materia orgánica (y con ella el carbono
orgánico existente en el suelo), de modo que este medio pierde su capacidad para
actuar como sumidero del carbono (EEA; 2002).
Dado que el suelo tiene múltiples usuarios, debe tenérselo en consideración de
forma integrada en distintos niveles. Es preciso alcanzar una integración
administrativa, sectorial (principales sectores y demás problemas
medioambientales) y geográfica (paisajes, zonas urbanas, rurales, de montañosa y
costeras) en las evaluaciones del suelo y en las políticas de protección del
mismo. Deberán emprenderse acciones adecuadas en todos los niveles
administrativos, desde la ordenación del territorio a niveles locales y
nacionales, hasta la puesta en marcha de políticas sectoriales y ambientales de
alcance nacional, y el lanzamiento de iniciativas de escala mundial.
La lucha contra la degradación del suelo servirá para mitigar las emisiones de
gases con efecto invernadero, propiciará un medio ambiente de mayor calidad,
garantizará más alimentos para una población que no deja de aumentar y
contribuirá al progreso económico de las generaciones futuras.
Dentro del amplio concepto de degradación se distinguen una serie de
degradaciones diferentes.
Degradación de la Fertilidad
Es la disminución de la capacidad del suelo para soportar vida. Se producen
modificaciones en sus propiedades físicas, químicas, fisicoquímicas y biológicas
que conllevan a su deterioro.

Fig. 15.
Degradación del
suelo debida a la fertilidad.
Al degradarse el suelo pierde capacidad de producción y cada vez hay que
añadirle más cantidad de abonos para producir siempre cosechas muy inferiores a
las que produciría el suelo si no se presentase degradado.
Puede tratarse de una degradación química, que se puede deber a varias
causas: pérdida de nutrientes, acidificación, salinización, sodificación,
aumento de la toxicidad por liberación o concentración de determinados elementos
químicos. El deterioro del suelo a veces es consecuencia de una degradación
física, por: pérdida de estructura, aumento de la densidad aparente,
disminución de la permeabilidad, disminución de la capacidad de retención de
agua. En otras ocasiones se habla de degradación biológica, cuando se
produce una disminución de la materia orgánica incorporada.
Degradación por Erosión
La erosión es la pérdida selectiva de materiales del suelo. Por la acción del
agua o del viento los materiales de las capas superficiales van siendo
arrastrados. Si el agente es el agua se habla de erosión hídrica y para
el caso del viento se denomina erosión eólica.
El concepto de erosión del suelo también puede referirse a la erosión
antrópica, que es de desarrollo rápido. Frente a ella está la erosión
natural o geológica, de evolución muy lenta (Dorronsoro
C. F.; 2004).
La erosión geológica se ha desarrollado desde siempre en la Tierra, es la
responsable del modelado de los continentes y sus efectos se compensan en el
suelo, ya que actúan con la suficiente lentitud como para que sus consecuencias
sean contrarrestadas por la velocidad de formación del suelo. Así en los suelos
de las superficies estables se reproduce el suelo, como mínimo, a la misma
velocidad con que se erosiona.
Es más, es muy importante destacar que la erosión natural es un fenómeno muy
beneficioso para la fertilidad de los suelos.
Efectivamente, como es sabido, todas las propiedades del suelo, y por tanto su
profundidad, son consecuencia de una determinada combinación de los factores
formadores. En una determinada región aparecerá un suelo cuya profundidad será
el resultado de un clima concreto (temperatura y precipitaciones), sometido a la
actividad de unos determinados organismos, en un tipo de relieve, que actúan
sobre una clase de roca durante un tiempo. Si no actuase la erosión natural esa
profundidad de material edafizado se iría alterándo progresivamente cada vez más
conforme el suelo se fuese volviendo más antiguo y llegaría un momento que todos
los minerales originales se habrían transformado totalmente, ya no aportarían
ningún nutriente nuevo al suelo y este quedaría constituido por un residuo
totalmente infértil. Prácticamente toda la Tierra estaría recubierta de una capa
inerte, sin posibilidad de soportar vida alguna.
Afortunadamente este panorama aterrador no se presenta precisamente debido a la
erosión geológica. Esta lenta erosión va decapitando lentamente las capas
superiores de los suelos con lo que va disminuyendo el espesor del suelo y este
se va progresivamente profundizando hacia capas más internas donde se encuentra
el material original sin transformar (para mantener su profundidad de equilibrio
con las condiciones ambientales). Así, de esta manera se van incorporando
continuamente nuevos materiales al suelo (materiales frescos, no alterados, con
abundantes minerales que al alterarse aportan nutrientes a los suelos).
Degradación por Contaminación
Decimos que un suelo esta contaminado cuando algún elemento o producto presente
en él supera en concentración el nivel de fondo local, la media del entorno, o
el nivel de referencia. Por ello es muy importante contar con valores base, a
nivel regional de las concentraciones mínimas de hidrocarburos que es de esperar
en los suelos.
Por otro lado el suelo se puede degradar al acumularse en él sustancias a unos
niveles tales que repercuten negativamente en el comportamiento de los suelos.
La FAO define la contaminación como una forma de degradación química que provoca
la pérdida parcial o total de la productividad del suelo.
Los problemas más importantes del suelo asociados a la contaminación son los
siguientes: pérdidas irreversibles debido a la creciente impermeabilización y a
la erosión; problemas de estabilidad en las laderas; y acidificación.
En algunas zonas, la degradación es tan grave que ha provocado la reducción de
la capacidad del suelo para sustentar comunidades humanas y ecosistemas,
acelerando la desertificación. No se conoce con exactitud el grado real de la
degradación de los suelos debido a las limitaciones de los datos.
La degradación del suelo tiene
importantes consecuencias, entre las cuales se destacan las siguientes (Dorronsoro C. F.; 2004):
·
Pérdida de elementos
nutrientes (N, P, S, K, Ca, Mg, etc.): de manera directa, bien al ser eliminados
por las aguas que se infiltran en el suelo o bien por erosión a través de las
aguas de escorrentía, o de una forma indirecta, por erosión de los materiales
que los contienen o que podrían fijarlos.
-
Modificación de las propiedades
fisico-químicas: acidificación, desbasificación y bloqueo de los
oligoelementos que quedan en posición no disponible.
-
Deterioro de la estructura. La
compactación del suelo produce una disminución de la porosidad, que origina
una reducción del drenaje y una pérdida de la estabilidad, como consecuencia
se produce un encostramiento superficial y por tanto aumenta la escorrentía.
-
Disminución de la capacidad de
retención de agua por degradación de la estructura o por pérdida de suelo.
Esta consecuencia es especialmente importante para los suelos sometidos a
escasas precipitaciones anuales, como es el caso de los suelos de la zona.
-
Pérdida física de materiales:
erosión selectiva (parcial, de los constituyentes más lábiles, como los limos)
o masiva (pérdida de la capa superficial del suelo, o en los casos extremos de
la totalidad del suelo).
-
Incremento de la toxicidad. Al
modificarse las propiedades del suelo se produce una liberación de sustancias
nocivas.
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