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La actual región de fronteras entre Brasil, Colombia y
Perú se consolidó históricamente sobre el territorio de varios pueblos
indígenas, entre ellos los Ticuna, quienes desde hace por lo menos dos mil
años vienen ocupando la zona del alto río Amazonas/Solimões. Desde tiempos
precoloniales esta región ha sido escenario de disputas territoriales
entre diferentes grupos indígenas amazónicos que se asentaron y/o
desplazaron constantemente, aprovechando las posibilidades de navegación
del río Amazonas como eje principal de un sistema fluvial que facilitó el
establecimiento de contactos interétnicos entre grupos indígenas de
diferentes regiones de la Amazonia e incluso del piedemonte de la
cordillera de los Andes.
Las investigaciones arqueológicas realizadas por Bolian
(1975) en la región del Trapecio Amazónico (Perú y Colombia), reportan
varias etapas en la ocupación de esta región, cada una de ellas asociada a
un estilo cerámico diferente y cuya datación cubre un período entre los
años 100 y 1200 d.C. Bolian señala que el estilo cerámico correspondiente
a una datación de 925 + o - 90 d.C, es parecido a la cerámica de los
Ticuna contemporáneos, lo que lo induce a plantear que la población que
desarrolló este estilo sería "proto-Ticuna" (Goulard 1998:69).
Posteriormente, según el mismo Bolian, grupos de habla Tupi, antecesores
de los Cocama y Omagua, ocuparon el Trapecio Amazónico. Esto se evidencia
por la presencia de la "tradición policroma" asociada con estos grupos, la
cual cubre una área que va desde la región del río Napo y el Ucayali hasta
la desembocadura del Amazonas (Bolian 1975: 13-14). Estos grupos de habla
Tupi habrían llegado a la región del Alto Amazonas hacia los años 1000
d.C. (siglo XI), según las dataciones de radiocarbono (Ibid.261).
Los Omagua[11],
descendientes de estos grupos de habla Tupí, ocupaban la región del Alto
Amazonas al momento de los primeros contactos con españoles y portugueses,
a mediados del siglo XVI. Los Omagua ocupaban las regiones bajas e islas
del Amazonas, en tanto que los Ticuna, Yagua, Mayoruna y Culina se
asentaban en tierra firme (Ibid.14). Con base en los resultados de las
investigaciones arqueológicas de Bolian (1975), Goulard (1994: 316-7)
plantea que los antepasados de los Ticuna posiblemente fueron poblaciones
ribereñas, quienes debido a constantes enfrentamientos con otros grupos
indígenas, se vieron en la necesidad de refugiarse en la región
interfluvial o tierra firme.
El impacto de la colonización europea sobre los pueblos
indígenas de la Alta Amazonia, especialmente de las correrías portuguesas
en busca de esclavos y de las enfermedades que devastaron gran parte de la
población indígena, fueron las causas que obligaron a los pueblos que
vivían a lo largo del río Amazonas, entre ellos los Omagua, a dispersarse.
Los que consiguieron sobrevivir a esta situación fueron obligados a
acogerse bajo la protección de los Jesuitas a inicios del siglo XVIII.
Después de la dispersión de los Omagua y de que el peligro de las
correrías portuguesas había disminuido, grupos como los Ticuna, Mayoruna y
Culina fueron ocupando -o reocupando- esta región (Bolian 1975:18-19). De
esta manera, comienza a conformarse lo que en términos de Porro (1996: 38)
se denomina "sustrato neo-indígena", caracterizado por su inserción en la
sociedad colonial y por los procesos de "aculturación" que este fenómeno
produjo.
Con la invasión europea y los violentos procesos de
expansión colonial que se iniciaron en el siglo XVI, comienza una nueva
etapa en el proceso de formación de fronteras en la región del alto
Amazonas. Sobre las fronteras pre-existentes, originadas por las disputas
territoriales entre grupos indígenas diferentes, se sobreponen otras
dinámicas socio-culturales y políticas derivadas de los procesos de
dominación europea, las cuales condujeron al establecimiento de fronteras
coloniales que se consolidaron sobre la base de las disputas territoriales
entre españoles y portugueses. El nuevo proceso de formación de fronteras
se traduce en las disputas por la posesión de territorios y de los pueblos
que en ellos habitaban, en beneficio de las coronas de España y Portugal.
Las disputas territoriales entre las dos Coronas condujeron a la formación
de la frontera hispano-lusitana, que impactó a los pueblos indígenas tanto
a nivel físico, debido al exterminio de la población por epidemias y
violencia, como a nivel socio-cultural, debido a los procesos de
dominación política e imposición de elementos socio-culturales de origen
europeo, tales como una nueva religión, idiomas y valores, que más tarde
llegarían a ser incorporados dentro de los nuevos sentidos identitarios
que a partir de estos procesos se empezarían a generar.
Los conflictos entre las monarquías de España y Portugal,
que desde mediados del siglo XV se venían gestando, se agudizaron a
finales de este siglo cuando se oficializa el descubrimiento del Nuevo
Mundo por parte de la Corona española. Con el tratado de Tordesillas,
firmado en 1494 se ratifica el acceso de los portugueses a las nuevas
tierras descubiertas, a donde llegaron seis años más tarde, pero sólo en
1530 se inició el proceso de colonización del litoral brasilero y casi un
siglo después, con la fundación de Belém de Pará en 1616, se dieron los
pasos decisivos para la colonización efectiva de la Amazonia por parte de
los portugueses, proceso que fue condicionado, entre otros aspectos, por
la facilidad de penetración fluvial siguiendo el curso del río Amazonas y
sus principales afluentes.
Aunque ya a mediados del siglo XVI los españoles habían
accedido a la región amazónica descendiendo por las cordilleras andinas,
sin embargo estas incursiones fueron más de carácter aventurero que
ortientadas a la conquista y colonización efectiva de la Amazonia (Santos
1993: 57). Las luchas internas entre los primeros colonizadores por la
repartición de los territorios de conquista los colocaron en conflicto con
los representantes de la Corona española y en 1557, cuando Felipe II asume
el poder, la Corona se reserva el derecho de ortorgar o no licencias para
realizar nuevas incursiones (Ibid. 58).
Las primeras expediciones a la Amazonia realizadas por los
españoles en el siglo XVI proporcionaron información sobre los pueblos
indígenas asentados en la región del alto Amazonas, principalmente sobre
los Omagua. Durante la expedición de Francisco de Orellana (1541-1542),
quien salió desde Quito en busca del "país de la canela", bajando por el
río Napo y luego por el Amazonas hasta su desembocadura en el oceano
Atlántico, Fray Gaspar de Carvajal, quien narra las crónicas de la
expedición, se refiere al "señorío de Aparia", al cual estaban vinculados
26 jefes locales y cuyo territorio se extendía desde el bajo Napo hasta la
región de São Paulo de Olivença. Dos palabras de origen Tupi referidas por
Carvajal (1955: 60) en su crónica ("coñiapuyara" = grandes señoras y "chise"=
sol), conducen a Porro (1996: 48) a deducir que este pueblo de Aparia eran
los mismos Omagua del siglo XVII, registrados por Acuña durante el viaje
de Teixeira. La aldea principal de este señorío y donde vivía el jefe
Aparian era "Aparia Grande", la cual, según Porro (1996: 94), se
localizaba un poco más arriba de la desembocadura del Yavarí, es decir, en
lo que hoy corresponde a la región fronteriza entre Colombia y Brasil.
Continuando el curso por río Amazonas abajo, Carvajal se
refiere a una región despoblada de unas 200 leguas, hasta donde comienza
el territorio de Machaparo, el cual, según Santos (1993: 64) empieza a la
altura de la dembocadura del río Putumayo/Içá, y según Porro (1996: 51) se
extendía por la margen derecha del Amazonas, desde la desembocadura del
río Tefé hasta la del río Coarí, y por la margen izquierda en una
extensión indeterminada. Vecino al territorio de Machaparo, descrito como
una de las zonas más pobladas, Carvajal ubica el territorio Omagua. Entre
estos dos pueblos parecen haber existido relaciones de amistad y de
alianzas para enfrentar a los enemigos. De otro lado, se evidencian
conflictos bélicos entre las poblaciones indígenas que habitaban las
riberas de los ríos y aquellas que se localizaban en "tierra firme":
Complidos doce días de mayo, llegamos a las provincias de Machaparo, que
es muy gran señor y de mucha gente y confina con el otro gran señor, tan
grande como él, llamado Omagua, y son amigos y se juntan para dar guerra
a otros señores, que están la tierra adentro, que cada día los vienen
echar de sus casas. Este Machaparo está asentado en el mismo río en una
loma y tiene muchas y muy grandes poblaciones, que junta cincuenta mill
hombres de pelea... (Carvajal 1955: 68).
Porro (1996: 94) señala que es bastante problemático
identificar estos Omagua con la "Grande Omagua" del siglo XVII, debido a
que cultural y lingüísticamente son diferentes de los Omagua de Aparia.
Sin embargo, Porro enfatiza que los Omagua referidos por Carvajal estaban
asociados al mito de El Dorado, y que cien años más tarde se habían
desplazado hacia el occidente, ocupando las regiones despobladas entre los
territorios de Aparia y Machaparo de las que habla este cronista.
La segunda expedición a la Amazonia realizada por los
españoles en el siglo XVI fue la de Pedro de Ursúa, expedición conocida
como "Jornada de Omagua y El Dorado" (1559 -1561). Las crónicas de viaje
escritas por el capitán Altamirano (en Vázquez de Espinosa 1955: 381-396),
se refieren a la "provincia de Cararo", que según la localización y
descripción de la población hace pensar que se trata del "señorío de
Aparia", del que habla Gaspar de Carvajal durante el viaje de Orellana.
De la misma forma como narra Carvajal, después de esta
provincia de Cararo la expedición encuentra un territorio despoblado hasta
llegar al poblado de Arimocoa, donde inicialmente encuentran resistencia
por parte de la población nativa. Continúan el viaje hasta la provincia de
Machifaro ("Machaparo" en Carvajal) en la que, al contrario de lo sucedido
con Orellana, la expedición de Ursúa fue bien recibida, logrando hacer un
recorrido hacia el interior de la región, donde encontraron una serie de
caminos que comunicaban las "naciones de tierra adentro con Machifaro".
A pesar de que las crónicas de los primeros viajes de
exploración del río Amazonas realizados por los españoles no dan noticia
sobre los Ticuna, sin embargo, es posible inferir que durante esta época
los Ticuna se asentaban en las regiones al interior de las márgenes del
río, pués en ese entonces todo parece indicar que la frontera interétnica
se constituía con base en las dinámicas de intercambio, confrontación y/o
alianza entre los grupos que ocupaban la región ribereña (várzea) y
aquellos que se localizaban en las zonas al interior de las riberas de los
grandes ríos, ocupando la región de "tierra firme" y los pequeños ríos o
igarapés (Zárate Botía, Cf. 1997).
Estas dinámicas interétnicas se pueden evidenciar en las
crónicas de los primeros exploradores españoles y en la actualidad vienen
a ser confirmadas con los resultados de las investigaciones arqueológicas
de Bolian (1975) quien encuentra evidencias de asentamientos proto-ticuna
localizados en las márgenes del río, cuyas dataciones comprenden un
período entre el siglo I y el X d.C. Ya para el siglo XI se confiere la
presencia de grupos Tupi habitando esta región, lo cual induce a pensar
que los Ticuna debieron desplazarse hacia el interior de las márgenes del
río, pués el hecho de que hoy continúen habitando el mismo territorio de
la Alta Amazonia es la principal evidencia de su permanencia en la región
desde hace por lo menos dos mil años.
Además de las incursiones españolas realizadas por
Orellana (1542) y Ursúa (1561), casi un siglo después, en 1635, los
religiosos franciscanos Fray Domingo de Brieva y Fray Andrés de Toledo,
acompañados por seis soldados españoles, realizan otro viaje desde Quito
hasta Belém de Pará. Más tarde, los mismos religiosos iniciarían el viaje
de regreso con la expedición de Pedro Teixeira, el portugués encargado por
el gobernador de la Provincia de Maranhão de comandar una expedición río
Amazonas arriba, hasta llegar a la ciudad de Quito en 1637.
La llegada de Teixeira tomó por sorpresa a los españoles
quienes temerosos por la presencia de portugueses en sus territorios
conquistados, ordenan el regreso de Teixeira a Belém proporcionándole lo
necesario para el viaje y enviando con la expedición dos personas que
pudieran dar cuenta a la Corona de Castilla de todo lo descubierto. Para
tal encomienda fueron delegados los padres jesuitas Cristobal de Acuña y
Andrés de Artieda.
En el año de 1639 se inicia el viaje de regreso de
Teixeira a Belém del Pará. Respecto a las poblaciones nativas que la
expedición encuentra en el viaje, Cristobal de Acuña se refiere a la
provincia "de los Aguas, llamados comunmente Omaguas, impropio nombre que
les pusieron quitándoles el nativo" (Acuña 1994: 132), cuyo territorio,
según los cálculos de Porro (1996: 94-5), comprende una región que va
desde un poco más arriba de la isla Tigre, a la altura de la desembocadura
del río Atacuari (actual frontera entre Colombia y Perú), hasta unos 70
kms. más abajo de la desembocadura del río Jutaí, en el actual territorio
brasilero.
Porro señala que por evidencias culturales y lingüísticas
es posible asociar la Provincia de Aparía, a la que se refiere Gaspar de
Carvajal en el siglo XVI, con los Omagua del siglo XVII, período en el
cual todavía ocupaban una extensión similar a la que se refieren las
crónicas quinientistas, aunque desplazada 300 kms río abajo (Ibid : 79-
80).
Según las crónicas de Acuña, la provincia de los Aguas era
la más grande y poblada de todo el recorrido, lo que permite inferir una
continuidad en la población a lo largo de todo el territorio, pues ya esta
vez no se habla de los espacios deshabitados a los que Carvajal, un siglo
atrás, hacía referencia. De otro lado, es significativo el hecho de que en
el siglo XVII, Acuña encuentre a los Aguas asentados en las diversas islas
del río, “donde los nativos viven y tienen sus cultivos” (Acuña 1994:
132).
Estos datos permiten inferir que en el transcurso de un
siglo los patrones de poblamiento de los pueblos indígenas del Alto
Amazonas habían sufrido algunos cambios significativos. Si en el siglo XVI
se asentaban en poblados más distantes unos de otros y sobre las márgenes
del río, ya en el siglo XVII, específicamente los Omagua se habían
desplazado a las islas o zonas inundables del río (várzea). Por otro lado,
habían ocupado los espacios que se hallaban deshabitados y la población
estaba más concentrada.
Respecto a los enfrentamientos bélicos de los Agua con
otros pueblos indígenas, Acuña señala que:
Tienen por una y otra banda del río continuas guerras con las
provincias extrañas, que por la del sur, entre otros, son los Curinas,
tantos en número que no sólo se defienden, por la parte del río, de la
infinita multitud de los Aguas, sino que juntamente sustentan las armas
contra las demás naciones, que por la parte de tierra les dan continua
batería.
Por la
banda del norte, tienen estos Aguas por contrarios a los Tecunas, que
según buenas informaciones no son menos ni de menos bríos que los
Curinas, pues también sustentan guerras a los contrarios que tienen por
tierra adentro (Acuña 1994: 134.)
Es esta la primera referencia que confirma las relaciones
de confrontación entre los Ticuna y los Omagua. Por lo que se puede
inferir de los comentarios de Acuña, en el siglo XVII los Ticuna estaban
ocupando regiones más cercanas a la márgen derecha del río Amazonas, zona
que un siglo atrás, según las crónicas de Carvajal, era ocupada por los
súbditos de Aparian. También se infiere que además de las confrontaciones
bélicas con los Aguas (Omaguas), los Ticuna sostenían guerras con otros
grupos nativos localizados en el interior de la selva.
Con base en estas afirmaciones es posible plantear que en
el siglo XVII, y debido a las presiones ejercidas por grupos indígenas
localizados al interior de la selva, los Ticuna se vieron obligados a
ocupar territorios próximos a la ribera del río, ejerciendo presión sobre
los Omagua. Quizá por este motivo los Omagua se vieron obligados a
trasladarse a las islas del río, como nuevos sitios de ocupación donde les
era posible defenderse de los ataques con mayor facilidad.
A mediados del siglo XVII, los conflictos entre españoles
y portugueses por la ocupación del alto Amazonas se evidencian con mayor
fuerza. Las políticas de ocupación de la Amazonia por parte de los
españoles que hasta entonces se habían caraterizado por la presencia
militar y desde las últimas dos décadas del siglo XVI por la ocupación
militar y misionera, a partir de 1650 sufren un cambio importante, pues la
región de la alta Amazonia pasa a ser un campo de acción exclusivo de las
órdenes religiosas. Este modelo de dominación colonial se mantuvo hasta
los comienzos de la época republicana (Santos 1993: 108 ).
A partir de 1640, cuando se produce la independencia de
Portugal del dominio de la Corona española, el proceso de ocupación de la
Amazonia por parte de los portugueses se realiza con base en un modelo de
avanzadas cívico-militares y conversión religiosa coexistiendo durante más
de un siglo. El viaje de Teixeira no fue casual, pués sabiendo de las
acciones en pro de la separación de las dos Coronas y cumpliendo órdenes
del gobernador del Pará, fundó poblaciones en la alta Amazonia en nombre
de la Corona de Portugal. Estas fundaciones constituyeron en el punto de
apoyo para las avanzadas portuguesas hacia el occidente, en territorio de
dominio español (Cf. Santos 1993), hecho que serviría para legitimar los
intereses de los portugueses en los posteriores conflictos fronterizos.
En 1636 entran los Jesuítas a la provincia de Maynas,
territorio de dominio español que se extendía desde el Pongo de Manseriche
(77o 30’ long. O) hasta la zona de los Ticuna (70o long O), el límite
norte era el río Andoas y el sur el río Huallaga (Cipolletti 1998: 83). Ya
en 1615 los jesuítas portugueses habían llegado a la Amazonia para iniciar
sus actividades misionales en la región del río Xingú, Tapajós y medio
Amazonas (Souto Loureiro 1978:91), pero fueron los Carmelitas portugueses
quienes en 1626 iniciaron sus tareas evangelizadoras entre los indígenas
del Alto Solimões e impusieron la lengua Geral[12].
Los intentos de avanzada por parte de los misioneros españoles hacia el
oriente y en sentido contrario por parte de los misioneros y militares
portugueses, sería el punto de partida de los conflictos hispano-lusitanos
por el dominio de la región del Alto Amazonas/Solimões.
Con la llegada de los Jesuítas a la provincia de Maynas en
1636, se inicia el proceso de expansión colonial por parte de la Corona
española hacia la región amazónica. La dominación por medio de las
misiones se presentó como una nueva alternativa frente a las poco
efectivas incursiones militares que precedieron este período, sentando
presencia permanente en la región y evitando las avanzadas portuguesas
hacia la alta Amazonia (Santos 1993:155).
El P.Samuel Fritz, de origen alemán, fue comisionado para
realizar su misión evangelizadora entre los Omagua y Yurimagua, quienes
habitaban las islas y riberas del alto Amazonas, en un extenso territorio
comprendido entre las desembocaduras de los ríos Napo y Caquetá/Japurá,
dentro del cual se encuentra el territorio de los Ticuna. Por petición de
los mismos Omagua, quienes ya tenían conocimiento de las actividades de
los jesuítas, y por intermedio de sus vecinos los Cocama, fue requerido un
misionero para que los protegiera de las correrías de los traficantes de
esclavos portugueses que llegaban hasta su territorio (Ibid. 167). En 1686
llega el P. Fritz a esta región, para iniciar sus actividades
evangelizadoras y fundar pueblos de misión. Con la llegada de Fritz y las
posteriores avanzadas de los postugueses en territorios de dominio
español, se inició el proceso de formación de la frontera
hispano-lusitana, hecho que generó otras dinámicas de convivencia
interétnica entre los pueblos indígenas y los agentes colonizadores
europeos en la región. De esta manera no solamente comienza a definirse la
frontera territorial, sino también la frontera socio-cultural, debido a la
presencia de nuevos actores de origen europeo portadores de culturas
diferentes (idiomas y valores), que fueron impuestas sobre la población
indígena.
En 1691, cuando Fritz regresa de Belém de Pará, registra
en su recorrido 24 aldeas de los Omaguas entre la misión de Yurimaguas
hasta San Joaquín, 22 de las cuales aparecen en su mapa, hoy actualizado
por Porro (1996: 98-99, mapa 7). En 1696, Fritz inicia el traslado de
estos pueblos indígenas, la mayoría de ellos ubicados en las riberas
inundables e islas del río Amazonas, hacia otros lugares cercanos pero en
tierra firme, con el fin de colocarlos a salvo de las inundaciones y
consolidar los nuevos pueblos de misión (Fritz en Maroni 1988: 335).
La población de San Joaquin de Omaguas, fundada en 1689
por el padre Fritz, fue trasladada hacia un lugar cercano en tierra firme
próximo a la actual población de Pebas en el Perú y donde, además de los
Omagua, habían llegado indígenas Pebas quienes, según Fritz, estaban en
guerra con los Caumaris.
En 1693 el misionero jesuita funda dos nuevas poblaciones:
Nuestra Señora de Guadalupe y San Pablo. La primera se localizó en la
margen derecha del río Amazonas, frente al actual Trapecio Amazónico
colombiano, en territorio de los Mayurunas. Esta reducción se formó por el
traslado de los Omagua de la población de Yoaivaté, la cual posiblemente
pudo estar localizada en alguna de las islas del río, según la
actualización del mapa de Fritz realizada por Porro (1996, mapa 7).
Del mismo modo, la población de San Pablo se formó por el
traslado de los Omaguas de Ameiuaté, que se localizaba en la isla de
Arariá (Ibid, mapa 7), para un lugar en tierra firme en territorio de los
Curinas sobre la margen derecha del río. Según Fritz (en Maroni 1988; 351)
entre Guadalupe y San Pablo sólo hay un día de recorrido. Esto significa
que la población de San Pablo debía localizarse posiblemente a la altura o
en proximidades de la isla de Arariá y no cerca de la actual población de
São Paulo de Olivença, como afirma Zárate Botía (Cf. 1997: 8-9).
Además de estas tres poblaciones: San Joaquín de Omaguas,
Nuestra Señora de Guadalupe y San Pablo, el P. Fritz fundó cuatro más:
Nuestra Señora de las Nieves, en territorio de los Yurimaguas y otros tres
poblados localizados "uno en la laguna de Coarí, otro con la advocación de
Santa Ana y el tercero llamado Tracuatuva de Tefé. Estaban las tres
poblaciones a poca distancia entre sí, en las cercanías del río Putumayo"
(Chantre 1901: 298, Apud. Zárate Botía Cf. 1997: 9). En estas reducciones
Fritz inició sus actividades de adoctrimaniento de los indígenas en la fe
cristiana, utilizando el quechua que por esta época funcionaBa como lengua
franca, y posteriormente el castellano. Las actividades misionales del P.
Fritz (1686-1723) estuvieron mediadas por un firme propósito de defensa de
las posesiones de la Corona Española en la región amazónica. Esta posición
ideológica y política lo condujo a adoptar actitudes en contra de las
avanzadas portuguesas hacia el alto Amazonas y a mantener una posición
bastante crítica frente a las prácticas esclavistas de los militares y
misioneros portugueses. En este contexto de guerras territoriales e
ideológicas se fue configurando la frontera hispano-lusitana a finales del
siglo XVII y durante el siglo XVIII.
Fritz escribió un texto titulado "Apuntes acerca de la
línea de demarcación entre las conquistas de España y Portugal en el río
Marañón" (Fritz en Maroni 1988: 332-335) que dejó en manos del Virrey del
Perú en 1693, con el objetivo de que sirviera como fundamento para apoyar
los intereses de la Corona española y sus derechos de posesión sobre la
Amazonia. En este documento Fritz se refiere al tratado de paz entre las
Coronas de Castilla y Portugal, firmado en Lisboa en 1681, y en el cual se
ratifica los términos del Tratado de Tordesillas[13].
Con base en estos argumentos legales, Fritz fue enfático en afirmar que el
derecho de conquista de los portugueses no podía ir más allá de la boca
del río de Vicente Pinzón[14],
que era el punto por donde pasaba el meridiano de demarcación, y por
consiguiente todas las tierras y ríos localizados al occidente de este
punto correspondían al derecho de conquista de la Corona de Castilla. En
este sentido, serían inválidas y nulas las conquistas hechas por los
portugueses hasta el río Negro, sus avanzadas hasta el río Yuruá
realizadas en 1691, y menos aún podían pretender llegar hasta el río Napo
(Ibid . 334-5).
De otro lado, Fritz sostiene que es ilegal el traslado de
nativos, en calidad de esclavos, que realizaban los portugueses cada año
hasta el Pará, y más aún las crueldades que éstos comentían contra los
indios de las islas y riberas del río. Con estos argumentos, Fritz se
constituye en un defensor del derecho de conquista por parte de España
sobre la región amazónica y sus actividades misioneras estuvieron
políticamente orientadas a fortalecer la presencia de España y a defender
sus posesiones de las avanzadas portuguesas.
En 1697 los portugueses habían alcanzado la región del
medio Amazonas. Fritz los encuentra en San Ignacio de los Aizures, un poco
más abajo de la desembocadura del río Yuruá/ Juruá:
Habiendo llegado a los Yurimaguas, luego al punto me dieron noticia cómo
en San Ignacio de los Aizures estaba un capitan portugues con algunos
soldados con ánimo de subir más arriba. Al dia siguiente bajé á
encontrarlos y topé en dicho pueblo un cabo llamado Josef Antunez de
Fonseca, seis soldados y el provincial del Carmen calzado fray Manuel de
la Esperanza, con otro religioso, quienes me dijeron habian venido a
tomar posesion de aquellos pueblos por orden de su gobernador y á
peticion de los mismos indios. Extrañé que dijesen habian venido a
peticion de los indios, pues me constaba que estos nada más aborrecian
que el estar sujetos á los portugueses, de quienes habian recibido y
recibian todos los dias muchísimos agravios...
...Respondiles,
pues, que ya habia ocho ó más años que yo estaba en pacífica posesión de
aquella mision por parte de la Corona de Castilla y habia reducido á
pueblos gran parte de aquellos infieles, cuando unos andaban fugitivos
por los bosques, otros vivian escondidos junto a las lagunas, por los
montes, y cautiverios que habian antiguamente padecido de los del Pará,
donde yo mismo, cuando estuve en aquella ciudad, habia visto muchos
esclavos de aquellas naciones.
...Despues
desto, yo requirí al cabo de la escolta, que aunque sin controversia
alguna esas tierras con todas las demás hasta el Pará eran de la Corona
de Castilla, no obstante eso, nos contuviésemos, quedando cada cual en
su misión hasta que conociesen la causa los mismos reyes (Fritz en
Maroni 1988: 342-3).
El panorama de los conflictos generados a partir de las
avanzadas portuguesas en territorios que los españoles reclamaban para sí,
es narrado de la siguinte manera según la versión de Luciano D' Azevedo,
un historiador de origen portugués:
Então, descobrindo o intento que o levara áquellas
paragens, o cabo solemnemente reivindica para el-rei de Portugal o
senhorio das terras, e intima o jesuita [Fritz] a retirar-se dellas.
Obtemperava Fritz achar-se dentro dos limites de Castella. Para ele era
usurpação o avanço dos nossos, rio acima. Ao passo que estes pretendiam
levar a fronteira até dentro do Napo, onde pelas informações vagas de
Pedro Teixeira, se devia encontrar o marco, em Espanha, rejeitavam esse
direito, e queriam traçar a divisoria pelo rio Negro.
Samuel Fritz não se contentava com essa linha. A seu
arbitrio, deviam os portuguezes ser repellidos agua abaixo, até o
meridiano, que passa na foz do rio de Vicente Pinzón. Nulla era a posse
de Pedro Teixeira; nullas as explorações successivas dos portuguezes. A
decisão de Alexandre VI e o tratado de Tordesillas regulavam, no seu
conceito, de modo infragavel a materia (Luciano D' Azevedo 1901:
219-20).
Como es de esperarse, las dos versiones resultan contrapuestas debido a
que están permeadas por posiciones ideológicas que inducen a los actores
tanto a favor de la Corona española (Fritz) como a los portugueses a
hablar desde su propio punto de vista, reivindicando para sí el derecho de
posesión sobre la región en disputa. Entre tanto, los conflictos entre
españoles y portugueses por la posesión de esta región y el derecho de
sujeción de la población nativa, generó diferentes reacciones entre la
población indígena. De un lado se percibe el desplazamiento de la
población de oriente a occidente, debido principalmente a los efectos de
las correrías portuguesas. Por otro lado se encuentran diferentes
movimientos de resistencia indígena al sistema de dominación colonial de
españoles y portugueses, como es el caso del levantamiento de los Omagua.
Y finalmente una actitud de “ocultamiento” (Cf. Zárate Botía 1997),
auto-aislamiento o exo-invisibilidad que fue adoptada por otros grupos
como los Ticuna, como una estrategia defensiva frente a las agresiones por
parte de los colonizadores europeos.
Las avanzadas portuguesas caracterizadas por la
realización de correrías esclavistas que obligaban a algunos grupos
indígenas a buscar esclavos a cambio de las herramientas que los
portugueses les daban, provocaron que los pueblos indígenas del alto y
medio Amazonas buscaran refugio en las misiones españolas a cargo de Fritz.
En 1698, el cacique de los Yurimaguas manifiesta a Fritz sus intenciones
de trasladarse con sus indios a San Joaquín de Omaguas, igual
manifestación hacen los Aizures. Pero sólo en el año de 1700 Yurimaguas y
Aizures llegan a esta población huyendo de los enfrentamientos con los
portugueses. Finalmente se asentaron y organizaron en un poblado que se
localizó entre la desembocadura del río Napo y San Joaquin. Fritz narra
este hecho de la siguiente manera:
El dia
24 [agosto de 1700] quiso Dios consolarme con una noticia muy favorable
que me trujeron unos indios Omaguas en carta del P. Wenceslao; y fue,
que poco despues de mi salida de San Joaquin, llegaron a ese pueblo
huyéndose de las guerras de los portugueses muchos Yurimaguas en más de
25 canoas y que los demás venian siguiendo para arriba juntamente con
los Aizures... Encontrelos algunas cuadras más abajo del Napo, donde
habían ya hecho algunos ranchos para vivir... Entre otros muchos casos
lastimosos que me contó el curaca Mativa, el uno fue, que, habiendo
muerto un curaca de los Ibanomas, llamado Aurifarú, el fraile carmelita
que se había apoderado de aquel pueblo, había cogido a todas las mujeres
y chiquillos de toda aquella parcialidad y enviado á vender al Pará; los
varones que habia metido en su canoa, al querer amarrarlos, habían
empezado a gritar, y acudiendo a sus voces los Guayupes, que vivian con
ellos juntos, habian muerto allí mismo a palos al fraile y mozos que le
acompañaban (Ibid. 346-7).
En 1702, el padre Carmelita Juan de Guillerme fue enviado
por los portugueses hasta el nuevo asentamiento de los Yurimaguas, más
arriba de San Joaquin, para negociar con Fritz el regreso de estos
indígenas a su territorio. Pero Fritz continúa defendiendo el derecho a la
libre elección de los indígenas, quienes habían preferido quedarse en su
misión, y que por tanto los portugueses no tenían derecho sobre aquellos
indios, porque además estaban en jurisdicción de Castilla. En este caso,
los Yurimagua, buscaron refugio en las misiones españolas de Fritz, en
donde al parecer encontraron mejores condiciones para vivir, o por lo
menos poder mantenerse con vida y a salvo de las correrías portuguesas.
Esto explica la actitud deferente de los Yurimaguas para
con Fritz, en contraste con la rebeldía de los Omaguas frente al sistema
misional español. En 1699 los Omaguas de la reducción de Guadalupe
intentaron rebelarse contra los padres que estaban a cargo de esta misión.
Dicha rebelión se gestó como un movimiento en defensa de los valores
culturales de los indígenas. Al respecto Fritz dice lo siguiente:
Como
los Omaguas estaban muy alborotados y los dos padres que había dejado en
San Joaquin se habían venido para arriba atropelladamente, recelosos de
alguna traicion, me ví precisado bajar por allá a ver si podía sosegar
aquel tumulto y averiguar de raiz su origen. Hallé no haber sido sólo
sospechas de los Padres de que querian alzarse, sino, en la realidad,
culpa de algunos indios, que, por su naturaleza altivos, extrañaban toda
sujeción y castigo y querian mantener ciertas costumbres gentílicas
contrarias al cristianismo; y como los Padres, llevados de su celo,
querian con eficacia corregir aquel desorden, impacientes los indios,
llegaron a esparcir voces confusas de que los matarian, para ver si
podian con esto amedrentarlos, conforme habian hecho muchas veces
tambien conmigo. De hecho hallé un indio, despues de la salida de los
Padres, que á golpe de macana habia hecho pedazos la caja de las alhajas
de la iglesia y profanado algunas imágenes sagradas; pero al punto que
yo llegué, vino con su madre muy compungido a pedirme perdon, diciendo
que no supo lo que hacia por haber tomado mucha curupa conque se habia
privado del uso del sentido (Fritz en Maroni 1988: 345).
Los Omaguas, desde un principio, mostraron una actitud de
rechazo frente a las actividades misionales de los españoles y fueron los
encargados de propagar entre otros pueblos indígenas la idea de que los
españoles también pretendían hacerlos sus esclavos, como lo hacían los
portugueses con los pueblos localizados río abajo. El hecho de haber sido
uno de los primeros pueblos contactados por los españoles, a mediados del
siglo XVI, y con quienes mantuvieron relaciones permanentes, los hacía
conocedores de las prácticas de dominación que los españoles ejercían. En
este sentido, no es extraño que fueran los Omagua queines con más fuerza
se opusieran a las misiones españolas.
En 1701, Payoreva, el cacique principal de los Omaguas de
San Joaquín, era el líder que comandaba una rebelión multiétnica en el
alto Amazonas, convocando además de los Omaguas, Pebas, Caumaris y Ticunas
para que se rebelasen contra las misiones españolas. Así narra Fritz este
episodio:
A 23
de agosto llegó á San Joachin la armadilla con 23 españoles y más de 200
indios de arriba. Por Cabo vino el teniente Antonio Manrique y el P.
Pedro Seruela por capellan. Luego que llegaron se hizo averiguacion
sobre el alzamiento que habian urdido, y se supo, que el cacique
principal, llamado Payoreva, con sus allegados, habian convidado á los
Caumaris y Pevas infieles, á que viniendo de repente, pegasen fuego a la
iglesia y casa del Padre, que ellos estarian prontos para matarlo á
macanazos, caso que saliese vivo de la quema; y lo mismo harian con los
indios que estuviesen de su parte. No quiso Dios se ejecutase la maldad,
acobardándose los infieles. El teniente, averiguando el caso, mandó a
prender al cacique Payoreva y á Fabian Camuria, quien era reo de muchos
otros delitos. Despues de esto, pasamos con la tropa al pueblo de San
Pablo donde se habian juntado muchos Omaguas y habian convidado a los
Ticunas, con ánimo de acometernos á cara descubierta en la plaza o
ribera de aquella reducción y matarnos á todos. Llegamos allá el día 27
de septiembre. El cabo, como quien sabia los intentos que tenia aquella
gente, mandó á los soldados subiesen al pueblo con las armas en la mano;
lo cual viendo los alzados, no se atrevieron a intentar cosa alguna; y
un cacique Ticuna con toda su gente se declaró luego al punto por amigo
de los españoles. El cabo mandó prender á las cabezas de motin, cuyo
castigo fue, á unos de azotes, á otros de destierro (Fritz en Maroni
1988: 349).
Como señala Fritz, estos intentos de rebelión fueron
rápidamente controlados por la intervención militar, castigando a los
líderes del movimiento y tomando prisionero al cacique Payoreva, quien fue
conducido a la ciudad de Borja. Payoreva huyó de aquella ciudad y llegó a
San Joaquín donde incitó a la población indígena a abandonar la reducción,
lo cual motivó la huida de los indígenas hacia tierra firme, siguiendo los
pequeños ríos, o bien río Amazonas abajo, hacia los pueblos de Guadalupe
y San Pablo donde continuaban convocando a la rebelión contra los
misioneros y soldados españoles. Fritz, con ayuda de la escolta de
soldados inición la búsqueda de los fugitivos y en el pueblo de Ibiraté,
más abajo de San Pablo, hasta donde ya habían avanzado los portugueses,
encuentraron a Payoreva, quien se negó a volver con los demás indios a la
reducción de San Joaquín. Finalmente, y a pesar de rebelarse también
contra los portugueses, Payoreva terminó siendo conducido por éstos al
Pará, en calidad de prisionero.
Son relativamente muy pocas las referencias que Fritz hace
de los Ticuna, en comparación con las de otros pueblos indígenas. En 1697,
Fritz los encuentra viviendo "monte adentro casi en frente de San Pablo" (Ibid.
341), es decir, sobre la margen izquierda del rio Amazonas, y según las
informaciones del mapa de Fritz actualizado por Porro (1996, mapa 7),
podría tratarse de la región comprendida entre las actuales poblaciones de
Leticia y Tabatinga y Belém de Solimões, aproximadamente.
Pero esta escasez de datos podría ser un indicador del
poco contacto que los Ticunas mantuvieron con las misiones españolas. Al
parecer, los Ticunas mostraron una actitud de rechazo al sistema misional,
no a través de la resistencia armada o de las rebeliones como lo hicieron
los Omagua, sino más bien mediante una estrategia de auto-aislamiento, es
decir, internándose en la selva como mecanismo para evitar el contacto
permanente y las confrontaciones con los colonizadores europeos, en cuanto
les era posible. Esta actitud los llevó incluso a tomar retaliaciones
contra otros pueblos indígenas por haberlos colocado en evidencia frente a
los españoles. Al respecto, un comentario de Fritz dice:
En San
Pablo me refirieron cómo los Ticunas, que se habían dado por amigos a la
tropa española, daban muestras de no querer perceverar en la amistad....
También á la hija del cacique Omagua de Guacaraté, que tenian cautiva
desde niña, ahora la habían muerto, diciendo que la mataban porque su
padre habia dado noticia de ellos y de sus tierras a los españoles (Fritz
en Maroni 1988: 342).
La última referencia que Fritz hace de los Ticuna es que
en su viaje de regreso del Gran Pará a San Joaquin, en 1702, él entra "á
los Ticunas de Yauareté, por el río Yemé. Recibióme el cacique Irimara con
señales de amistad y me prometió persuadiria a los suyos que se poblasen
en buen sitio" (Ibid. 352).
Es difícil saber con exactitud en que lugar estaba
localizado este poblado, pero llama la atención que Fritz sólo haga
referencia a esta aldea durante su viaje de regreso a San Joaquín de
Omaguas, lo que podría ser un inidicio de que ya para esta época las demás
“aldeas” Ticuna localizadas en las márgenes del río Amazonas, hubieran
cambiado de lugar o estuvieran despobladas, lo que supondría la retirada
de la población indígena hacia el interior de la selva.
También llama la atención el nombre del cacique Ticuna "Irimara"
al que se refiere Fritz, pués en 1542 durante la expedición de Orellana,
Gaspar de Carvajal (1955: 55) señala que en la región del río Napo "tenia
su asiento un principal señor llamado Irimara". Quedaría por investigar
cual es la relación entre este cacique Irimara del siglo XVI y los Ticuna
de Yauareté del siglo XVII.
Los conflictos entre españoles y portugueses continuaron
agudizándose en el siglo XVIII. En su efectivo proceso de expansión
colonial los portugueses continuaron avanzando hasta ocupar las misiones
españolas del alto Amazonas, en la provincia de Maynas. El padre jesuíta
Andrés de Zárate, quien estuvo a acargo de las misiones del Marañón (Alto
Amazonas), hizo una relación de los acontecimientos en estas misiones
entre los años de 1725 y 1735. Zárate se refiere así a los conflictos
hispano-lusitanos en las misiones de Omaguas, en los primeros años del
siglo XVIII:
Son
estos Omaguas...abitadores en sus prinzipios de las islas que forma el
Marañon grande, desde más abajo del rio Uherate hasta el rio Negro. Y en
este espacio los doctrinó el padre Samuel Frits, de nacion alemana, y
misionero castellano de nuestra Compañia, á fines del siglo pasado,
formando de ellos y de los Yurimaguas que los portugueses llaman
Campevas y Solimanes, seis pueblos principales...A los principios de
este siglo los acometieron los portugueses de el Pará y los ocuparon a
fuerza de armas, arrojando de ellos al ya nombrado misionero y
entregándolos a sus Padres Carmelitas Calzados, y despues no ha havido
modo de rrecobrarlos por más que los misioneros y la provincia de Quito
lo ha procurado solicitar en Lima y acá en Madrid.
...
Despues, exiviendo una copia authenticada en el Pará, de zierta posesion
que el capitan Pedro Tejeira tomó del rio de las Amazonas ó Marañon en
tiempo de el señor Rey Phelipe Quarto, y de hórden de la Real Audiencia
de Quito, quieren dezir que les perteneze hasta la boca del rio Napo, y
poco a poco se an ido subiendo hasta el pueblo de San Juachin y aun
hasta el de la Laguna, veinte dias de navegazion mas arriva de dicha
boca, y se an jahtado más de una bez que no an de parar hasta apoderarse
de todo el Perú. (Zárate en Maroni 1988: 430 y 432).
Dentro de este panorama de conflictos por la posesión de
la región del alto Amazonas/Solimões, los Omagua fueron quines más se
vieron afectados debido al hecho de que ya se encontraban asentados en las
misiones españolas, las cuales se convirtieron en el blanco de los ataques
portugueses. Los misioneros españoles, por su parte, se vieron en serias
dificultades en sus intentos por defender sus misiones de las avanzadas
portuguesas. San Joaquín de Omaguas fue una de las reducciones españolas
que más se vio afectada por las incursiones portuguesas, las cuales
trajeron como consecuencia la huída de los indígenas de los pueblos de
misión y el cautiverio de otros indígenas que fueron conducidos como
esclavos al Pará. Por este motivo, San Joaquin debió ser trasladada varias
veces de lugar, como una estrategia de los misioneros españoles para
mantener a los indígenas en las reducciones:
Casi
en el otro extremo de la Misión, cuatro dias más arriba del Napo, en las
orillas del mismo Marañon, está la reduccion de San Joachin de Omaguas,
que ha sido la más perseguida de los portugueses, causa de que los años
antecedentes se haya disminuido mucho aquella nacion y trasplantado
repetidas veces de uno á otro sitio. Desde mil setecientos veinte y tres
en que su misionero el Padre Bernardo Zurmille, con indecible trabajo
recogió los indios que iban fugitivos por los rios huyendo de las
violencias de los portugueses y los pobló en el sitio en que están al
presente, ha perseverado constante aquella reduccion, y se ha ido poco a
poco incrementando con algunas familias de Mayorunas y Yemeos y dos años
ha tambien con cerca de cien almas de la nacion de los Caumaris... Tiene
hoy esta reduccion setenta y seis familias de Omaguas y casi otras
tantas de diferentes naciones, que hacen cerca de seiscientas almas.
Muchas más tuviera si el recelo de los portugueses no huviese abligado
gran parte de los infieles a esconderse en lo más retirado de los
bosques, y no hubiesen aquellos piratas llevado cautivos hacia el Gran
Pará, mucha parte de algunas naciones más cercanas, como son los
Mayorunas y Ticunas (Ibid. 402-3).
Aunque el P. Zárate confirma el hecho de que los Ticuna
sufrieron también los efectos de las correrías de los portugueses, siendo
conducidos a la ciudad de Belém de Pará en calidad de esclavos, sin
embargo, se podría suponer que la mayor parte de la población Ticuna
escapó de las correrías portuguesas y optó por esconderse en el interior
de la selva, como una estrategia para evitar los enfrentamientos no sólo
con los portugueses, como afirma el P. Zárate, sino también con los
españoles y su sistema misional, frente al cual casi siempre mostraron
señales de rachazo.
En la segunda década del siglo XVIII, las avanzadas
portuguesas continuaron extendiéndose hacia la parte más occidental de la
provincia de Maynas, llegando incluso a otras regiones distantes como
Sucumbios cerca a la actual ciudad de Pasto (Colombia). El padre Zárate se
refiere a estos hechos en los siguientes términos:
En el año de mil setecientos nueve subieron [los portugueses] al mismo
pueblo [San Joaquin] y se llevaron a todos los yndios, dejando a los
Padres Andrés Coba y Mathías Laso con sólo cuatro muchachos que los
asistían... La Audiencia dispuso que el año siguiente bajasen algunos
mestizos...para recobrar el pueblo y para contener estos insultos de los
del Pará. Cojieron á zinco portugueses con su capitan Ygnacio Correa, y
los llevaron a Quito, y a un religioso de el Cármen; a quien dejaron en el
pueblo de San Joachin. Y en ese tiempo se volvieron a sus pueblos nuestros
yndios, ezepto los que por hambre y mal tratamiento de los portugueses
habian perezido, que fueron los más.
Esta
expedición sirvió más a los portugueses y de alentarlos á repetir sus
correrías, que de escarmentarlos y contenerlos.... Por eso volvieron los
portugueses al mismo pueblo, el año de onze, y se llevaron presos no
sólo a los indios que pudieron cojer, sino tambien al Padre Juan
Bautista Sana y algunos mozos que le asistian... Despues de esto an sido
la subida del Sargento maior de el Pará, Don Luis Morahes, hasta la
Laguna, la de otros con ropa hasta los Sucumbios, zerca de Pasto, y la
del Alférez que llevo dicho, hasta San Joachin. Y aunque estos últimos
se an portado con moderazion y sin extorciones, los indios están
amedrentados que aun en las poblaciones de vida zivil y christiana biben
en continuo susto, y los gentiles se an retirado tierra adentro, á las
quebradas, de manera que ia no se encuentra ni uno que biva a las
orillas de el Marañon el Grande (Ibid. 436).
La versión del lado portugués, sobre estos
acontecimientos, es presentada por Luciano D' Azevedo en los siguientes
términos:
Entretanto, de tudo isto veio resultar um conflicto á
mão armada, na fronteira. Em 1708 mandou o governador Christovam da
Costa Freire notificar aos padres, companheiros de Fritz, que houvessen
de abandonar sem tardança as missões. Obedeceram eles, mas em despique,
baixou uma força castelhana ao territorio potuguez, expulsou os
missionarios carmelitas, ali postos, queimou as aldeias a cargo destes,
e regressou a Quito levando, com os outros, prisioneiro o capitão que
havia forçado os jesuitas a retirarem-se. A isto se respondeou de nosso
lado com equivalentes represalias. Os portuguezes apossaram-se novamente
das missões, e voltaram ao Pará, trazendo em custodia o padre Sana, um
dos que as ordens da côrte com mais empenho mandavam apprehender (D'
Azevedo 1901: 221).
Con excepción de esta incursión
militar española contra los portugueses, las respuestas de los españoles
ante las avanzadas portuguesas se caracterizaron por ser más de índole
diplomática que militar, las cuales resultaron inútiles para controlar las
efectivas incursiones portuguesas. No valieron las peticiones de los
misioneros para que las autoridades españolas tomaran cartas en el asunto.
Los obstáculos burocráticos y la negligencia, pero sobre todo, la real
falta de interés del gobierno colonial español en esta región, que según
quejas de los propios misioneros jesuítas (Ibid. 437), se debía a que en
aquellos parajes no había riquezas que atrajeran a los españoles, fueron
factores que permitieron sin mayores dificultades las avanzadas
portuguesas hasta las regiones más al occidente de la provincia de Maynas.
Bajo estas condiciones de abandono por parte de las autoridades españolas,
los misioneros jesuítas del Alto Amazonas pensaron en la posibilidad de
armar un ejército de indígenas para defender los pueblos de misión de las
incursiones portuguesas (Ibid. 437), pero desafortunadamente el P. Zárate
no da más información sobre el asunto.
El panorama de los conflictos fronterizos
hispano-lusitanos, continuó agudizándose en los años siguientes. En 1737,
los portugueses entran esta vez en la población de San Ignacio de Pebas,
fundada en 1734. Ante esta situación, el P. Zárate, asumiendo las
funciones que las autoridades gubernamentales españolas omitían, escribe
un requerimiento al gobernador del Pará para protestar contra las
incursiones portuguesas en esta región. En cercanías de esta población de
San Ignácio de Pevas se encontraban también los Ticunas. El P. Zárate se
refiere a un conflicto interétnico entre Pevas y Ticunas, motivado por una
acusación de brujería que los primeros hicieron contra los segundos, lo
que a su vez generó conflictos entre los Caumares y los Pevas. Zárate
narra así este hecho:
La causa de su mala fé y de la division con los Caumares, fué una grande y
cruel traizion que dos meses antes havian cometido contra los Ticunas, sus
amigos, pues haviéndolos combidado á poblarse binieron éstos á ber el
sitio, y les agradó y se bolbieron a traer sus familias y sus cortos
ajuares. Luego sobrebino a los Pevas una epidemia de catarro, de que
enfermaron casi todos y murieron alguno otro, y se persuadieron
bárbaramente que los Ticunas los havian echizado y querian matar, y sin
más consejo determinaron la venganza.... Los caumares desaprobaron estas
maldades de los Pevas y se desabrieron con ellos y aun estavan con recelo
de que quisiesen intentar con ellos lo mismo que con los Ticunas... (Ibid.
441-2).
Esto es significativo en la medida en que sólo hasta 1737
se vuelve a tener noticia de los Ticunas y ocupando el mismo territorio,
lo cual confirma el hecho de que la estrategia de defensa predominante,
que era internarse en la selva para colocarse a salvo tanto de los
portugueses como de los españoles, les permitió permanecer en su propio
territorio ocupando ya no las riberas del río Amazonas, sino los pequeños
afluentes y zonas al interior de la selva.
Todo parece indicar que durante el período en que se
agudizan los conflictos fronterizos, es decir en la primera mitad del
siglo XVIII, la tendencia de la pobación indígena era alejarse de las
riberas del río Amazonas, de tal manera que para los navegantes que
transitaban por esta región fronteriza que cien años atrás había sido la
más densamente poblada, ahora aparecía como una zona deshabitada. Este
hecho lo confirman las crónicas de viaje del científico francés Ch. M. de
La Condamine, quien saliendo de la ciudad de Jaén de Bracamoros, en 1743,
llega hasta Belém do Pará en el año siguiente:
Contam-se seis o sete dias de jornada a pé (o que
fizemos em três dias e outras tantas noite), entre Pebas, última missão
espanhola, e São Paulo, a primeira missão portuguesa, servida pelos
religiosos da Ordem de Monte Carmelo. Nesse intervalo, nenhuma habitação
se encontra nas margens do rio. Aí é que começam as grandes ilhas, antes
morada dos Omáguas...
Não há hoje em dia nenhuma nação guerreira inimiga
dos Europeus nas margens do Maranhão: tôdas foram submetidas, ou se
retiraram para longe (La Condamine 1944: 67 y 69).
No es
de extrañar que para esta época las márgenes del río Amazonas sobre el
trayecto comprendido entre San Ignácio de Pevas y São Paulo de Olivença,
que corresponde al territorio Ticuna y a la región fronteriza
hispano-lusitana, estuvieran prácticamente despobladas, pués los grupos
indígenas que habitaban en las riberas del río habían sido trasladados
por los misioneros españoles hacia las reducciones y éstas cada vez más
hacia el occidente, en la medida en que avanzaba la expansión lusitana.
Sin embargo, lo que se puede inferir a través de los datos
hasta ahora examinados es que la población indígena evitó a toda costa
verse involucrada en los conflictos hispano-lusitanos, a través de la
estrategia de desocupación de las áreas de disputa, que eran las
reducciones españolas comprendidas entre las desembocaduras de los ríos
Napo y Putumayo/Içá. Esta estrategia de auto-aislamiento llegó a
constituirse en una forma de resistencia a los intentos de españoles y
portugueses de incorporar por la fuerza a la población indígena y sacar
provecho de ella, según sus propios intereses sociales, económicos y
políticos.
En el proceso de configuración de la frontera
hispano-lusitana, la firma del Tratado de Madrid en 1750 significó un
triunfo para los intereses de la Corona portuguesa, debido a que España
reconoce a Portugal la posesión de las tierras localizadas al occidente de
la línea de Tordesillas, hasta la altura del rio Japurá/Caquetá, en el
territorio amazónico (Loureiro 1978: 107). Poco después se inician los
preparativos para la demarcación de las fronteras de los ríos Yavarí,
Japura/Caquetá, Negro y Madeira, las cuales finalmente no se llegaron a
efectuar debido a que, además de la resistencia que los jesuítas
portugueses pusieron a este proceso, los representantes de las respectivas
Coronas nunca llegaron a un acuerdo.
Entre tanto, el Marqués de Pombal, nombrado por el
gobierno lusitano como “secretario de negocios extranjeros y de guerra”,
promulgó varias leyes que garatizaron la incorporación efectiva de la
Amazonia a la Corona portuguesa, al mismo tiempo que constituyeron una
arremetida jurídica contra las poblaciones indígenas[15].
En 1755 fue creada la Capitania de São Jose do Rio Negro, cuya sede sería
la villa de São Francisco Xavier de Javari, la que según el jesuíta Manuel
Uriarte que ya para esta época estaba encargado de las misiones españolas
en al alto Amazonas, fue fundada por el jesuíta portugués Manoel dos
Santos, en la desembocadura del río Yavarí. A esta población fueron
reducidos los Ticuna de esta zona:
Ya por este timpo (1756) comenzaron los trabajos de la Compañía en
Portugal. El padre Manuel de los Santos...había fundado por orden de su
Rey, el pueblo de San Francisco Javier, en la boca de Yauari, frontera de
España.... Sacó el Padre de los montes como trecientos ticunas, hizo buena
casa y trazaba buena iglesia... (Uriarte 1986: 241).
Es sólo hasta esta época cuando los Ticuna comienzan realmente a ser
sometidos a la vida de los pueblos de misión, lo cual confirma que hasta
entonces la estrategia de auto-aislamiento en el interior de la selva les
había permitido continuar ocupando su territorio, apartados en la medida
de lo posible del contacto directo y constante con los colonizadores
europeos. Así como sucedió en Yavari, recién hacia 1756, los Ticuna
aparecen como neófitos en la población de Pebas. El padre Uriarte, al
respecto, afirma lo siguiente:
Por septiembre, supe que los ticunas habían aumentado con parientes a
pebas... Y por diciembre otros cincuenta y cuatro ticunas de Renete, junto
a Yauri, se vinieron a Pebas y bautizó el P. Bahamonde veintisiete
párvulos (Ibid. 248-9).
En 1761 el jesuita Joaquín Hedel, inició el pueblo de Loreto de Ticunas,
localizado sobre la márgen izquierda del río Amazonas, frente a la isla de
Cacao, en proximidades de la actual población de Mocagua en el trapecio
amazónico colombiano (Cf. Zárate Botía 1997:20). Esta sería la primera
reducción a ser poblada en su mayor parte por indígenas Ticuna, y el
último pueblo de misión en las posesiones españolas, localizado en la
región fronteriza con las posesiones portuguesas. De esta manera, los
Ticunas se ven enfrentados a lo que en términos de Goulard (1998:79) se
denomina un “proceso forzado de fluvialización”.
Los datos obtenidos hasta el momento inducen a pensar que
el nuecleamiento de la población Ticuna en los pueblos de misión españoles
se produjo hacia la segunda mitad del siglo XVIII, como consecuencia de
los procesos de definición de la frontera hispano-lusitana que para esta
época comenzaba a consolidarse en las bocas del río Yavarí. El anunciado
proceso de demarcación de los límites entre España y Portugal, generó
expectativas entre los jesuitas y la población nativa, quienes ya se
estaban preparando para tal acontecimiento:
Y todos esperaban con ansia los Apus [jefes] esperando los regalarían
mucho y quedaría la misión con la demarcación muy dilatada hasta la boca
grande del Yapurá....y podrían comunicar con sus pariente omaguas y
yurimaguas de Portugal, y a nuestros padres, sin temor de carayoas
[portugueses], pues aunque Fray Joan habia mudado a su lado San Pablo [de
Olivença], sabido quedaría para España... y los mismos indios se hubieran
vuelto a los castellanos, como conquistados por ellos y el P. Fritz ( Ibid.
308).
Pero los conflictos entre las metrópolis acabaron pronto con la
expectativas de la demarcación, causando conmoción entre la población
nativa y nuevas retiradas de los indígenas hacia el interior de la selva
motivadas por el temor a los portugueses:
...primero vino la noticia de la muerte del comisario español; despues
la de nuestro Don Fernando; despues la novedad de que el Rey Don Carlos
no quería demarcaciones, y últimamente la de la guerra que declaró su
Majestad contra Inglaterra y Portugal. Con que se echó un jarro de agua
a todo; y aunque procuramos al principio ocultarlo a los indios,
diciendo habían muerto los reyes viejos y estos mozos ya no querían
demarcaciones, mas el buen Gobernador, sobrecogido del susto, con motivo
de que iba a prevenir gente, se fue, como huyendo y dijo a los indios
que habia guerra con los carayoas, que se mantuvieran fuertes, que él
iba a traer a soldados castellanos que los defendiesen... Con esta
ocasión escribí al Padre Provincial Herse las providencias que de
nuestra parte habíamos dado a las circunstancias, añadiendo protestase a
la Audiencia, los daños que se siguiesen si no enviaba providencias y
gente, con buenos cabos, que defendiesen la frontera caso que acometiese
el portugués... Ordenábame avisase a todos los misioneros quemaran o
cortaran los indios las chagras, para que no se aprovechase el enemigo
de ellas, y subiendo arriba los padres con las alhajas de la iglesia, se
retirasen todos a los montes. ...Escribí a mis padres compañeros
permaneciesen con sus gentes... que los pueblos portugueses estaban
exhaustos con la peste y fugas, que aun ni para mitayos tenían en Yauri
... y finalmente que los mismos soldados enviados decían no temiesen
nuestros indios, que tenían orden expresa de estar sólo a la defensa, en
caso de que acometiesen los blancos de Castilla... mas como los indios
de arriba contaban lo que oían sus Padres, algunos temerosos se nos
fueron escondiendo en las chagras, especialmente masamaes y mayorunas.
... Entre tanto, nuestros espías daban cuenta de lo que pasaba abajo; ya
tuvo el P. Bahamonde noticias ciertas que habian puesto unos cuarenta
soldados en Tauatini [Tabatinga], más abajo de Ticunas. En breve desertó
su cabo-escuadra, cogió indios y canoas en Loreto, después en Pebas,
llegó a Omaguas, y muy humilde pidió lo aviasen para arriba cuanto
antes, como hice.... Decía el desertor estaban los de abajo en mucha
necesidad, que no había gente y que los miserables soldados andaban
descalzos y remendados por falta de providencias y pagas. Y si no fuera
por el temor de los castigos, todos se huyeran a España (Uriarte 1986:
309-12).
Los conflictos limítrofes afectaron a la población nativa debido al temor
que les producía el saberse suceptibles de pasar a ser posesión de los
Portugueses. Esto motivó desplazamientos poblacionales hacia las misiones
españolas para evitar esta posibilidad que aún estaba latente. El temor a
las prácticas esclavistas de los portugueses fue uno de los motivos que
llevaron a los Ticuna a buscar refugio en las misiones españolas. De esta
manera se inicia tardiamente el proceso de reducción de la población
Ticuna en los pueblos de misión y su iniciación en el Castellano y la
catequización. Sobre los Ticunas de la población de Loreto, el P.Uriarte
dice:
Pero, sobre todo, me parlaban de los carayoas [portugueses] vecinos, a
quienes temían y me decían querían estar con los Padres castellanos y
aprender la lengua; y de hecho sabían ya algunas palabras, porque el P.
Montes, mi antecesor, condescendiendo con ellos y por una cédula que había
de nuestros Reyes, procuró hablarles y rezar algunas veces en Castellano.
Daba yo mil gracias a Dios de ver tan buenas disposiciones para entablar
una floridísima y numerosa misión en aquellas últimas partes del mundo,
porque la nación ticuna era muy crecida, toda estaba por la parte que
tocaba al dominio de España, según la línea divisoria y lo confesaban los
portugueses. Dijéronme los mandones que otra parcialidad muy numerosa de
sus amigos quería hacer otro pueblo en un día más arriba de éste, que sólo
aguardaba que el padre les asegurase defenderlos de los carayoas.
Respondiles que estando en términos del Rey de Castilla, no temiesen ser
acometidos ni llevados a Portugal (Ibid: 469-470).
Los efectos de los conflictos fronterizos impactaron a la población Ticuna
en forma negativa en la medida en que motivaron desplazamientos
poblacionales forzosos, obligando a los indígenas a buscar refugio en el
interior de la selva para ponerse a salvo de los posibles enfrentamientos
entre las fuerzas encontradas. Pero, sobre todo, el objetivo de estos
desplazamientos al interior de la selva era escapar de las prácticas
esclavistas de los portugueses, quienes mantuvieron el régimen de
esclavitud indígena durante todo el siglo XVIII y gran parte del siglo XIX.
De otro lado, los Ticuna también fueron obligados por los misioneros
españoles y portugueses a formar parte de las reducciones donde eran
sometidos a la catequización en el cristianismo, cuyos principios riñeron
siempre con las tradiciones y rituales de este grupo por considerarlos
“paganos”. Finalmente, frente al temor de las prácticas esclavistas de los
portugueses y en último caso, los Ticuna se vieron obligados a buscar
refugio en las misiones españolas donde las actividades de los jesuitas se
mostraban más a su favor. Pero esta incorporación “voluntaria” a las
misiones españolas sólo vino a manifestarse en los últimos años del
período colonial, cuando las presiones de los portugueses sobre el
territorio ticuna se incrementaron. Con la expulsión de los jesuítas -que
se produjo hacia 1767 en las colonias hispánicas y unos años antes en la
portuguesa-, buena parte de los territorios de misión en la Amazonia
quedaron fuera de la salvaguarda de estos misioneros quienes a pesar de
todas la dificultades se constituían en los únicos defensores en terreno
de los derechos de posesión de España en esta región de fronteras. Este
hecho facilitó nuevas incursiones de los portugueses en la región del Alto
Amazonas, quienes ya para 1768 habían tomado posesión de las tierras más
arriba del Yavarí, fundando el fuerte de Tabatinga, que dio origen a la
actual ciudad fronteriza:
No
habíamos andado medio día río abajo, cuando encontramos en este mismo
lado de la izquierda del Marañón (que pertenecía a los dominios de
España, según la línea divisoria, más de trecientas leguas hasta la boca
del río Negro o Zapura), en cierta tierra alta llamada Taguatina (quiere
decir en lengua Omagua tierra blanca), un cabo portugués con doce
soldados y algunos indios suyos, que estaban desmontando hacia la orilla
para tomar posesión por orden del gobernador del Pará (esto no lo
hubiera hecho si hubiéramos quedado los jesuítas españoles en la
Misión); más luego que supo nuestro destierro, quizo aprovechar el
tiempo para hurtar; y quizá el gobernador nuestro dió parte cuando lo
supo a la Corte. Y esto, con lo de Buenos Aires, habrá dado motivo a los
aparatos de guerra que ahora corren ya en España contra Portugal (Ibid.
531).
La versión de este hecho, en la voz de un historiador brasilero
amazonense, dice lo siguiente:
O Solimões continuou alvo das ambições espanholas,
mesmo após a expulsão dos jesuítas. Para protegê-lo de invasões,
estabeleceu-se, em 1757, em Maturá, depois Castro de Avelãs, uma
guarnição, transferida em 1759 para a Vila de São José do Javari. Em
1768 o Alferes Francisco Coelho determinou que o sargento Francisco
Franco, acompanhado de 9 soldados, se postasse em Tabatinga, local
situado em frente à Vila. Tabatinga logo progrediu, tronando-se, a 8 de
maio de 1770, em freguesia e, em 1774 elevou-se à categoria de Vila, com
o nome de Francisco Xavier de Tabatinga. O forte ali existente era de
madeira e, somente em 1873, foi construido em pedra (Souto Loureiro
1978:153).
Con el tratado de Madrid de 1750, se aplicó el principio del derecho civil
romano, el Uti possidetis, al campo de las relaciones entre los estados
coloniales. Si el tratado de Tordesillas establecía el Uti possidetis
juris (posesión de derecho), el tratado de Madrid reglamentó el Uti
possidetis facti (posesión de hecho), que significó el reconocimiento de
las pesesiones portuguesas (Lucena Giraldo 1991:15). El tratado de Madrid
estipulaba la realización de expediciones con el fin de determinar y
efectuar el amojonamiento físico de las posesiones respectivas de España y
Portugal, lo que en realidad nunca se llevó a cabo. En 1760, cuando Carlos
III asume el trono de España, se anula el tratado de Madrid y se firma el
tratado de El Pardo en 1761, según el cual la frontera hispano-lusitana
volvería a definirse según los términos de la situación anterior a 1750.
Sin embargo, la situación en la frontera ya había sufrido modificaciones a
nivel administrativo y en el desarrollo regional, colocando a los
portugueses en fuerte ventaja frente a las abandonadas posesiones
españolas. El tratado de San Idelfonso, firmado en 1777, tampoco significó
una solución a los problemas fronterizos hispano-lusitanos, pero sirvió
para establecer un sece de hostilidades y dar comienzo a una negociación
entre las dos Coronas (Ibid. 24-25). Las tareas de definición de la línea
divisoria fueron delegadas a la llamada “Comisión del Marañón”, al mando
de Francisco de Requena, quien se ocupó de la dirección política y
científica de la expedición, además de ser nombrado Gobernador de Maynas
en 1778. Según los parámetros legales del nuevo tratado, el fuerte de
Tabatinga debía ser entregado por los portugueses a la vez que éstos
reclamaban los fuertes españoles sobre el río Negro. Pero los conflictos
limítrofes hispano-lusitanos tampoco fueron resueltos por las actividades
de la Comisión, hasta 1804, cuendo se ordena su disolución.
Como señala Zárate Botía (Cf. 1997: 21), el siglo XVIII
finaliza sin haberse efectuado la definición de los dominios territoriales
de España y Portugal en el alto Amazonas. Todos los intentos por el
establecimiento de límites específicos fueron en vano y los conflictos
fronterizos continuaron prolongándose en el siglo XIX. Con las luchas
independentistas de las colonias hispanoamericanas, que se inician en
1810, comienzan los procesos de formación de los regímenes republicanos y
los procesos de construcción de los diferentes Estados-nación. Fueron las
nacientes repúblicas quienes debieron asumir los procesos de definición de
fronteras, como factor importante en la consolidación de los Estados
nacionales.
En la primera mitad del siglo XIX, los movimientos independentistas
promovidos por las élites criollas en las colonias hispanoamericanas
conllevaron al establecimiento de regímenes republicanos y a los procesos
de construcción de los diferentes Estados nacionales. En el caso del
Brasil, este proceso de inició en 1822 con el establecimiento del Imperio,
pero sólo se consolidó hacia fines del siglo, con la proclamación de la
República. La región del alto Amazonas/Solimões, durante esta época, fue
escenario de disputas y negociaciones diplomáticas entre los nacientes
Estados nacionales por el derecho de posesión de estos territorios. Con el
Brasil, tanto Colombia como Perú definieron su situación limítrofe de
manera independiente, pero entre éstos dos últimos las disputas
territoriales sólo terminaron ya bien entrado el siglo XX, cuando a raiz
del llamado conflicto colombo-peruano, se definen los límites entre estos
dos países, quedando finalmente configurada la actual región de fronteras
entre Brasil, Colombia y Perú. El cambio en los sistemas políticos, así
como los diferentes procesos socio-económicos que se inician en la
Amazonia en el siglo XIX con el auge de las economías extractivas y los
posteriores conflictos limítrofes, fueron factores que afectaron la
población indígena, cuyos efectos sobre la población Ticuna vamos a
considerar en seguida.
Después de la expulsión de los Jesuítas, Francisco de
Requena, como Gobernador de Maynas, propone a la Corte de Madrid que la
Comandancia General de Maynas sea segregada del Virreynato de Santa Fé y
Provincia de Quito, pasando a depender del Virreynato del Perú, desde
donde se facilitaría el atendimiento a esta región. En 1802 el Rey acata
las recomendaciones de Requena, además de colocar dicha región bajo la
tutela de los misioneros franciscanos de Ocopa, a quienes se encomendó la
atención espiritual de los nativos. Pero los franciscanos optaron por
retirarse, quedando la región en manos de clérigos seglares (San Román
1975:110).
Los conflictos por la definición de límites continuaron en situación
similar a la de los años precedentes, es decir, sin realmente haberse
consolidado la definición de la frontera todavía por parte de los
gobiernos coloniales. Sólo hasta 1810, con la definición del Uti
possidetis como figura jurídica que reglamentó el derecho civil americano,
se sentarían las bases para la posterior definición de límites. Con el
cambio de régimen político y apartir de los incipientes procesos de
construcción de los Estados- nación, la situación en las antiguas
posesiones hispánicas no sufrió grandes transformaciones, pues para los
gobiernos de las nacientes repúblicas del Perú y específicamente para
Colombia, la región amazónica continuaba siendo un lugar inhóspito, que no
merecía la atención de la nueva administración nacional. Sin embargo,
durante la primera mitad del siglo XIX, la región continuó siendo objeto
de las avanzadas de los luso-brasileros, cuyo último fuerte era Tabatinga,
y desde el cual se desplazaban río arriba llegando hasta la isla de Ronda,
donde habían establecido una base para patrullar la frontera (Wilkens de
Mattos [1874] 1984:125).
En contraste con la situación de abandono por parte de las autoridades
nacionales en las jurisdicciones amazónicas peruanas y colombianas, ya en
la región del alto Solimões brasilero se continuaba sentando presencia
militar y creando instituciones gubernamentales que promovieron el
establecimiento de escuelas e incentivaron la creación de “fazendas”
ganaderas donde también se producía algodón, añil, café y tabaco (Loureiro
1978: 138). Todas estas estrategias contribuyeron a consolidar la
presencia del Estado brasilero en la región.
Después de los procesos independentistas, la gobernación de Maynas pasó a
formar parte del Departamento de Trujillo (Perú) hasta 1832, cuando se
creó el departamento de Amazonas, pasando Maynas a ser una de sus
provincias, en tanto que Loreto, la región fronteriza, llegó a
constituirse en uno de sus distritos. En 1868 se creó el departamento de
Loreto, siendo su capital la ciudad de Iquitos (San Román 1975: 110-2). En
Colombia, el llamado territorio Putumayo-Caquetá y Amazonas, dependía del
Estado del Cauca. Y en el Brasil, la Capitania de São José do Rio Negro,
perteneciente al Estado de Amazonas, quedó adherida al Imperio brasilero
en 1823 (Loureiro 1978:169).
Las fuentes que proporcionan información sobre la situación de los
indígenas Ticuna durante esta época son los diarios de viaje de
exploradores y naturalistas y los relatorios de funcionarios oficiales que
vivieron en la región. En 1813 se funda la población de Caballo-cocha,
sobre la margen derecha del río Amazonas en el distrito de Loreto (Perú),
“con indígenas Ticunas y brasileros” (Wilkens de Mattos[16]:
1874:12), de lo cual se puede inferir que las fronteras permitían el
tránsito de personal de un lado a otro, debido principalmente a las
alianzas comerciales entre brasileros y peruanos que ya habían iniciado la
explotación de recursos naturales de la selva, actividad en la que los
indígenas fueron utilizados como fuente principal de mano de obra. Paul
Marcoy, el científico francés que viajó por el río Amazonas en 1848,
referiéndose a este hecho comenta lo siguiente:
Al salir del canal que une el Amazonas al lago de Caballococha, remamos el
río en diagonal para alcanzar el pueblo de Loreto...última posesión del
Perú que el viajero encuentra sobre el río... Esta morada, peruana de
derecho, pero brasilera de hecho, es habitada por comerciantes portugueses
que hacen un pequeño comercio de zarzaparrilla, de algodón y pescado
salado... Los nietos de los neófitos, indios de raza ticuna, viven hoy en
día en estado natural en las riberas del Atacuari (Marcoy 1866 : 142;
traducción mía del francés).
Los
luso-brasileros continuaron sentando presencia en el entonces territorio
peruano, llegando incluso hasta el río Ucayali para abastecer los
pequeños mercados con productos de procedencia europea, los cuales eran
intercambiados por productos extractivos como la zarzaparrilla, quina y
caucho que ya alcanzaban altos precios en el mercado de Europa. En la
población de Loreto se ubicaban tres casas comerciales pertenecientes a
los portugueses (Herndon: 1991:303).
Según Marcoy, hacia mediados del siglo XIX, la isla de
Ronda localizada en cercanías de la actual ciudad de Leticia, estaba
ocupada por militares brasileros quienes habían construido una base para
patrullar sus territorios. De ahí que la isla haya tomado el nombre de
“Ronda”, debido a las actividades de patrullaje ejercidas (Ibid. 152). A
partir de 1851, la isla pasa a pertenecer al Perú (Wilkens de Mattos:
1984: 125). El proceso de configuración de las fronteras coloniales y
nacionales surtió efectos sobre la población Ticuna que Marcoy destaca y
resume de la siguiente manera:
...
las fuerzas numéricas de los ticunas no son más en relación con la
extensión del país que esos indígenas ocuparon en otro tiempo. Ocupados,
trasladados y catequizados por los Carmelitas portugueses y los Jesuítas
españoles, que, en razón de las pretensiones de sus gobiernos, cosideran
la nación ticuna como su propiedad legítima y se han disputado la
posesión a mano armada, estos indígenas, ya afables por acción de las
dos fuerzas contrarias incideindo sobre ellos después de un medio siglo,
fueron diezmados por la viruela y el cólera.... Lo que resta hoy de la
nación ticuna puede formar un total de población de ciento cincuenta
individuos; todos viven sobre las riberas del Atacuari y sus afluentes (Marcoy
S. F. 146; traducción mía del francés).
Si bien podemos pensar que la población Ticuna se vio
diezmada como consecuencia de las epidemias de origen europeo, de lo cual
no se tienen cifras exactas, sin embargo, la estrategia de resistencia
predominante que los Ticuna mantuvieron durante todo el período colonial y
que continuaron manteniendo posteriormente, a través del ocultamiento en
el interior de la selva como habitat que conocían y al cual ya estaban
acostumbrados, pudo haberse constituido también en un mecanismo efectivo
que los mantuvo a salvo de contagios masivos, por lo menos hasta su
contacto permanente con las misiones españolas y los poblados portugueses.
Esta estrategia les permitió además la continuidad de sus dinámicas
socio-culturales, que pudieron controlar con mayor independencia que otros
pueblos indígenas que estuvieron en permanente contacto con los europeos.
Esta estrategia que podríamos denominar de exo-invisibilización, es decir,
hacerse “invisibles” a los Otros, tratando de mantenerse alejados y
evitando involucrarse en sus dinámicas socio-culturales de los blancos al
mismo tiempo que buscan reafirmarse en las propias, continuó siendo
utilizada por los Ticuna en el siglo XIX, frente a las nuevas poblaciones
nacionales. Por su apatía y negación a involucrarse en las actividades de
los “blancos” (sacerdotes, colonos, funcionarios y comerciantes) que
comenzaban a conformar las diferentes poblaciones nacionales, los Ticuna
fueron catalogados como “infieles” y “salvajes”, en contraste con otros
pueblos indígenas ya “civilizados”, y llegaron a constituirse en una
opción de vida para miembros de otros grupos indígenas que igualmente se
resistían a las prácticas civilizatorias por parte de los “blancos”. El
explorador norteamericano Herndon, quien realizó una expedición por la
Amazonia en 1850, sobre la población de Sarayacu, en el Ucayali, escribe
lo siguiente:
...la
población [indígenas Pano] está constantemente disminuyendo. El padre
Calvo, atribuye ésto a la deserción. Dice que muchos descienden al
Amazonas con viajeros y cargamentos y que nunca más regresan ya que ésto
se les hace difícil, o se establecen en poblados a orillas del río o
bien se unen a los ticunas o a otras tribus infieles (Herndon [1853]
1991:272).
Las fuentes del siglo XIX demuestran que los Ticuna continuaron
prefiriendo lugares al interior de la selva y en las márgenes de los
pequeños rios para establecer sus asentamientos. Recordemos que Marcoy los
encuentra en torno al río Atacuari, que hoy contituye parte de los límetes
entre Colombia y Perú, así como también ocupando las riberas de otros
pequeños ríos “Yacanga y Yanayaquina” que el autor dice ser afluentes de
la margen derecha e izquierda del Amazonas (Marcoy 1866: 142). Herndon los
encuentra entre Peruaté -un poco más abajo de Pebas- y en São Paulo de
Olivença, trayecto en el que la mayor parte de la población Ticuna se
encontraba en asentamientos relativamente alejados de las riberas del río
Amazonas:
[Maromoreté]...consiste
en una casa de indios cristianizados. A una milla tierra adentro hay una
casa de Ticunas.
El
poblado [Caballo-cocha] está situado en el caño, a una milla y media de
la entrada y a la misma distancia del lago. Tiene docientos setenta y
cinco habitantes, la mayoría indios ticuna (Herndon 1991: 298).
La
población de Loreto [localizada sobre la márgen izquierda del río
Amazonas] es de docientos cincuenta habitantes, conformada por
brasileros, mulatos, negros y algunos indios ticuna. Es un puesto
fronterizo del Perú. Hay unas cuantas millas de territorio neutral entre
éste y Tabatinga, la frontera de Brasil (Ibid. 303, énfasis mío).
Era
bastante agradable, después de venir de los poblados peruanos que están
escondidos en la selva, ver que en Tabatinga se había limpiado la
vegetación.... Hay pocas casas que ver ya que los ticunas todavía están
en la selva (Ibid 304).
[En
São Paulo de Olivença] La población es de trecientos cincuenta
habitantes, conformada por treinta blancos y el resto por indios ticunas
y juríes (Ibid. 307).
Estos
comentarios confirman en el siglo XIX los Ticuna continúan prefiriendo
lugares al interior de la selva, en las riberas de los pequeños ríos, como
sitios para establecer sus asentamientos, además de su preferencia por
consolidar poblados monoétnicos. Esto se evidencia específicamente en el
entonces territorio peruano, donde la excepción es el poblado de Loreto
(que surgió en el siglo XVIII como la única reducción conformada sólo por
indígenas Ticuna), descrito por Herndon como un poblado de brasileros,
mulatos y negros y sólo algunos Ticunas, lo cual confirma su preferencia
por permanecer alejados de las riberas del río Amazonas y del contacto
permanente con los “blancos”.
A mediados del siglo XIX, la región amazónica se
constituye en un escenario económico privilegiado debido al auge de la
extracción de productos naturales de la selva, los cuales alcanzaron altos
precios en los mercados internacionales, específicamente el caucho o
“borracha” que se convirtió en un producto básico para el desarrollo
industrial de las metrópolis europeas.
La región fronteriza del alto Amazonas/ Solimões no escapó a estos
procesos que si bien impulsaron el desarrollo económico de los Estados
nacionales que comenzaban a consolidarse, al mismo tiempo que generaron
riqueza para una pequeña parte de la población blanca asentada en el área,
sin embargo, el auge de las economías extractivas también significó la
reactivación de prácticas esclavistas sobre la población indígena, que fue
la principal fuente de mano de obra. Estas prácticas esclavistas
condujeron al casi total exterminio físico (genocidio) de pueblos
indígenas como los Huitoto, Bora y Andoque, del medio Putumayo / Içá, la
región más afectada por la explotación cauchera y donde se localizaron las
principales casas comerciales[17].
En la primera mitad del siglo XIX, la región fronteriza
fue escenario de la extracción de zarzaparrilla, actividad desarrollada
tanto en el lado peruano como brasilero, y de aceite de huevos de tortuga,
cuya extracción fue realizada especialmente en el Brasil. La extracción y
comercio de estos productos eran controlados principalmente por
luso-brasileros, propietarios de las casas comerciales localizadas entre
Loreto y Ega (Tefé).
El auge de la extracción del caucho o “seringa” que se
inicia en la segunda mitad del siglo XIX, llegó a tranformar también la
composición étnica de la población en la Amazonia en la medida en que
incentivó la inmigración de población extranjera para colonizar esta
región, especialmente en el Perú. En el Brasil este proceso incentivó la
migración de población del interior del país, específicamente de
nordestinos. Estos serían los fundadores y pobladores de las nuevas aldeas
que en esta región comenzaron a surgir:
Ao Javari também chegaram as levas de nordestinos e
João Facundo de Castro Menezes semeou siringais às márgens, trazendo 500
cearenses, no navio Hualaga na penúltima década do século XIX, tendo
explorado o Coruçá. O colombiano Antonio Angarita e Alfredo Raimundo de
Oliveira Bastos também foran antigos habitantes da região.
João Facundo e Bastos fundaram Remate de Males, hoje
destruído pela fúria do rio, mas que deu origem a Benjamin Constant,
numa primeira etapa, quando parte de sua população mudose para o
siringal Santo Antônio e depois para o siringal Esperança e numa segunda
etapa para Atalaia do Norte (Loureiro 1978:155).
Además de los migrantes nordestinos, la mano de obra indígena constituyó
la base de sustento de las economías extractivas en la región amazónica, y
su aprovechamiento en el Brasil fue reglamentado a través del
establecimiento de una institución denominada “corpos de trabalhadores”,
cuyo objetivo era “dar empleo a un excesivo número de tapuios [así eran
llamados los peones indígenas en el Brasil] negros, mestizos; gente
carente de civilización y educación que excedía en más de tres cuartas
partes, a la parte de la población respetable, trabajadora e industriosa”
(Jerónimo Francisco Coelho, Presidente de la Provincia del Amazonas
(Brasil) en 1850; Apud. Herndon 1991:321-2). Dichas disposiciones legales
brasileras no solamente dieron vía libre al uso de mano de obra indígena,
sino que obligaban a esta población a formar parte de los “corpos de
trabalhadores”. Herndon se refiere a esta situación en los siguientes
términos:
Todos los indios cristianizados de la provincia del Pará.... están
empadronados y obligados a servir al Estado, ya sea como soldados de la
Guardia Policial o como miembros del Corpos de trabalhadores, distribuidos
entre las diferentes divisiones territoriales (comarcas) de la Provincia.
Hay nueve de estos Cuerpos que hacen un total de siete mil setecientos
cuarenta y cuatro, con ciento ochenta y dos oficiales (Herndon 1991: 321).
Aunque los indígenas de los “corpos de trabalhadores”
empleados por los propietarios de las casas comerciales recibían algún
salario, sin embargo, esta institución legalizaba la continuidad de las
prácticas esclavistas en el territorio brasilero, lo cual motivó que
muchos indígenas se desplazaran al territorio peruano y colombiano, o bien
se internaran en la selva, como estrategias para escapar de los malos
tratos que recibían en los centros de extracción y comercialización:
Estos cuerpos proporcionan trabajadores al comerciante, al viajero o al
recolector de frutas de la región.... y una mayoría de ellos se ha
convertido en esclavos particulares... Los esclavos desertan a España
(como se llama aquí [Tefé] al Perú, al Ecuador y a Nueva Granada). (Ibid.
322-3).
En el Brasil, los Ticuna también pasaron a conformar los
“corpos de trabalhadores”. Esto es claro en las crónicas de Herndon,
cuando al pasar por Tabatinga:
Le
pedí [al comandante del Fuerte] que me diera más peones. Me dijo “por
supuesto”, envió a un grupo de soldados y arrestó a cinco ticunas. Los
puso en el cuartel hasta que estuviera listo para partir; en ese momento
los llevaron al bote y envió a un soldado negro para que los cuidara (ibid.
306).
Sin embargo, la poca disposición de los Ticuna para
cumplir las órdenes de su nuevo “patrón” hace que el próprio Herndon, con
su visión etnocéntrica, se queje de su comportamiento apático, el cual
asocia al hecho de estar bajo el régimen de los brasileros:
Los ticunas que tuve conmigo fueron la gente más perezosa e inútil con la
que hasta ahora tuve algo que ver. Pienso que ésto no es característico de
la tribu, ya que parecían bastante bien bajo las ór |